La memoria selectiva de Eduardo Duhalde

Por: Emilio J. Cárdenas

En su reciente libro, titulado “Memorias del incendio”, el ex presidente repasa los acontecimientos y las decisiones que marcaron los primeros cuatro meses de su gobierno con una visión de los hechos un poco distorsionada.

Memorias del Incendio, de E. Duhalde

El poco atractivo Eduardo Duhalde será, seguramente, recordado como uno

de los peores presidentes de la historia argentina en cuanto a “calidad

de gestión”.

En rigor, el pequeño Duhalde, que no ha podido

desprenderse de la fea sombra del narcotráfico que se proyectó durante

su gestión en Lomas de Zamora, después de haber intentado alcanzar la

primera magistratura de nuestro país a través de las urnas terminó

siendo ampliamente repudiado por la gente y sólo pudo acceder a ella

“por la ventana”, en medio de una crisis que (según algunos) él mismo

impulsó, acompañado por quienes se beneficiaron enormemente con la

manera en que, “asimétricamente”, Duhalde resolvió hacer las cosas.

Como

si eso fuera poco, ante la magnitud de las dificultades de toda suerte

que, como presidente, Duhalde (conforme a su juramento) debía resolver,

terminó huyendo despavorido (antes de tiempo), sin advertir, en su

torpeza, que en el escenario internacional las cosas habían ya cambiado

fundamentalmente para la Argentina y que, con sólo flotar, la bonanza

se iba a apoderar rápidamente de nuestro país, hiciéramos lo que

hiciéramos. Como le tocó en suerte a Néstor Kirchner.

Además,

como resultado de su acendrado odio a Carlos Menem, Duhalde no vaciló

un solo instante en ponernos a todos en manos de Kirchner, lo que no es

poca cosa. Lo más insólito es que, en el partido que hace un poco veraz

culto de la lealtad, su sucesor constitucional le pagó birlándole

abiertamente a su secretario personal, a su médico de toda la vida y a

algunos otros compañeros de la juventud, quienes no titubearon en

trabajar para el sol que aparentemente calentaba más y abandonaron a un

Duhalde, quien había aspirado a un rol influyente y terminó condenado a

tener que “mirarla pasar”.

Ahora que mucha gente pareciera

haberse cansado de la intemperancia, las intimidaciones, las amenazas,

la arbitrariedad y la evidente mala educación de Kirchner, Duhalde

comienza –apresuradamente– a construir (en mi caso, a inventar) una

historia que justifique las medidas que en su momento él tomó y de las

que es responsable. Para ello, acaba de publicar un libro absolutamente

increíble, titulado “Memorias del incendio”. A juzgar por las

reflexiones que allí me dedica, se trata de una obra poco creíble. Muy

poco creíble, más bien.

En efecto, Duhalde me atribuye dos

cosas. La primera, haber sido el autor de un “plan” que, según él,

intentaba reemplazar a la estrategia que otros habían diseñado para él.

Falso, de falsedad absoluta. Jamás hice ningún “plan” como el que me

atribuye Duhalde basándose en un artículo de un periodista de Página/12,

que inventó el “cuento” por alguna sospechosa razón. Nunca. Duhalde

aspira a que la “cultura de la repetición” transforme, de pronto, una

mentira total en verdad, lo que es imposible. Yo ya he desmentido

públicamente lo que el referido medio intencionadamente en su momento

me atribuyó, pero Duhalde no lee y parece no haberlo advertido.

La

segunda es una bajeza peor. Lo que, a la vista de la historia, no me

sorprende. Duhalde insinúa, esta vez basado en los dichos de Miguel

Bonasso (cuyo conocido pasado me exime de comentarios), alguna conexión

“conspiratoria”. Bonasso, recordemos, había hecho una

“denuncia-escándalo” respecto de los concurrentes a una comida que

presuntamente había tenido lugar en el Regimiento de Patricios. Nunca

comí allí. Ni fui invitado. Jamás. Ni por casualidad. Y, todavía más,

el día en que el izquierdista radical Bonasso me incluyó arteramente en

una supuesta lista de invitados yo estaba en el exterior, lo que es

fácil de probar, como oportunamente publiqué en una carta de lectores

aparecida en el diario La Nación, que Duhalde decidió –una vez más– ignorar supinamente.

Dos mentiras, entonces, que Duhalde intenta –burdamente– transformar en verdades, lo que no puedo sino desmentir y repudiar. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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