El hipnótico modelo populista

Por: Marcos Aguinis

Ningún régimen populista ha logrado (o ha querido seriamente) acabar a fondo con la pobreza, estimular una educación abierta ni desmontar el fanatismo. Sus programas no apuntan a un desarrollo sostenido y firme. No le interesan los derechos individuales ni la majestad de las instituciones republicanas. Por el contrario, exageran el asistencialismo mendicante, imponen doctrinas tendenciosas y exaltan diversos tipos de animosidad para conseguir la adhesión de multitudes carenciadas, explotadas, resentidas o enturbiadas por la confusión.

Marcos Aguinis

Armando Ribasatribuye al socialismo autoritario un método que también yopercibo en los regímenes fascistas o populistas: crear un enemigoexterno, un enemigo interno y un enemigo... anterior. Además de ponersiempre la culpa afuera, la inyectan contra lo que ocurrió antes para,de esa forma, depredar sin límites.

En <st1:personname productid="la Argentina" w:st="on">la Argentina</st1:personname> tenemosejemplos de sobra. En la actualidad se acusa de todos los males a ladécada del 90, es decir, el enemigo anterior. En esa década <st1:personname productid="la Alianza" w:st="on">la Alianza</st1:personname> sólogobernó 20 días. El resto de los 90 fue responsabilidad de losperonistas populistas "menemistas". Peroresulta que esos menemistas son los mismos que ahoraestán amontonados en el poder; que elogiaron, rodearon, apuntalaron y searrodillaron ante Menem. Es una situación tangrotesca que no habría podido describir ni Ionescoen su teatro del absurdo. Las actuales autoridades pertenecían al mismopartido político, aplaudían todas las decisiones de Menem, lo ayudaron a ser reelegido y le rendían tributoen toda ocasión como impúdicos lacayos. Resulta que ahora secontonean, orondos de ser el modelo opuesto. ¡Vaya magia! ¡O vayailusionismo! ¡O vaya caradurez!

El sistema populista nose sustenta en ideas, por eso es pragmático y cambia según los vientos.En sus cúpulas argentinas caben el variable Perón, lafeérica mitología de Evita, la criminalidad de López Rega, la portación deapellido de una Isabelita que da lástima, la ensalada facho-bolche de los montoneros,la ineficaz renovación de Cafiero ycompañía, las privatizaciones monopólicasde Menem, el caudillismo de Duhalde,los imbatibles sindicatos y el pseudoprogresismo de Kirchner. Todo eso y quizás algunos nuevos productosllamados "superadores" seguirán manteniendo acorralado nuestropaís en un mareante festival de mediocridad e irrelevancia (Dios y losargentinos no lo permitan).

El mexicano Enrique Krauze ha descripto con filosoescalpelo los rasgos sobresalientes del modelo populista, a los queañadiremos otros igualmente notables. Asegura Krauzeque nunca falta el personalismo, porque el partido o el movimiento seconstruyen en torno de una figura providencial. Los casos de Getulio Vargas, Perón, Nasser,Chávez, Menem o Kirchnerson botones de una innumerable muestra. El líder es un demagogo, porquese acomoda, miente, halaga y desacredita según convenga al crecimientode su poder. Mencken definió al demagogo como"alguien que dice cosas falsas a gente que considera idiotas". Seducecon actitudes que embelesan, como besar niños, mezclarse con lamultitud, abrazar pobres y desconocidos, prometer maravillas. Al mismo tiempo,es duro con aquellos a quienes esa masa manifiesta antipatía, al extremode prender muchas hogueras de odio.

No hay régimenpopulista que tolere la absoluta libertad de prensa. Debemos reconocer que en <st1:personname productid="la Argentina" w:st="on">la Argentina</st1:personname> el populismode Menem casi no molestó a la prensa, sino quetuvo la picardía de usar muchos chistes, caricaturas y condenas pararevertirlas en su beneficio. Pero no fue el caso de Perón, queexpropió un diario, amordazó a otros y privó de la radio ala oposición. En la actualidad, los pseudoprogreshan censurado en diversas ocasiones y de diferentes modos a periodistas ymedios. De Chávez ni hablar. Evo Morales sigueel mismo camino.

El presupuesto nacionalsiempre es manipulado con arbitrariedad. Los controles son silenciados oninguneados. El modelo populista identifica fondos del Estado con fondos delgobierno o -peor aún- fondos de quien tiene el mango del poder. Los usaa discreción para someter opositores, cooptar voluntades y hacersepropaganda. Los venezolanos llaman "regaladera"a los millones de petrodólares que Chávez distribuyearbitrariamente para avanzar en su proyecto narcisista-leninista (Oppenheimer dixit) y convertirseen el monarca del continente. En <st1:personname productid="la Argentina" w:st="on">la Argentina</st1:personname>, siguiendo su ejemplo, se violóel artículo 29 de <st1:personname productid="la Constitución" w:st="on">la Constitución</st1:personname> para que el jefe de Gabinetehaga con el presupuesto todo lo que su patrón quiera, sin control deningún tipo. Sólo falta jibarizar <st1:personname productid="la Auditoría" w:st="on">la Auditoría</st1:personname>para que no reste una sola atadura. El populista es un modelo que se ríede las ingenuas y frágiles limitaciones de la transparencia republicana.

Tampoco faltan lasalianzas con la "burguesía nacional" o los "empresariospatrióticos", es decir, aquellos que prefieren coimear funcionariospara obtener privilegios que producir en forma realmente competitiva. Variosempresarios venezolanos ya tienen instaladas sus familias en Miami, pero siguenhaciendo pingües arreglos con la casta chavista-militar corrupta encaramada en el gobierno.Aquí, muchos funcionarios progres ahora sonsocios de grandes empresas o reciben interesantes peajes. Por algo elimaginario de la calle los llama "teléfono celular": hay queponer el 15 antes de seguir adelante. Y quienes logran juntar un dinerito lo mandanafuera, a países más seguros, por las dudas.

El modelo populista nose priva de atizar el odio, como dijimos antes. Perón contra laoligarquía y los contreras; Evo Morales contralos blancos; Chávez contra los ricos (que no los incluyen a él ysus leales); Kirchner contra los 90 (que tampoco losincluyen a él y sus leales). Pero debo corregirme: a menudo los enemigosde afuera, de adentro y de atrás son varios, con lo cual es másfácil provocar una cadena de iracundia catártica, antidemocráticay regresiva. Desde el atril de <st1:personname productid="la Casa Rosada" w:st="on">la Casa Rosada</st1:personname>, por ejemplo, este modelo de"crecimiento" y felicidad populista, mal llamado progre, ha lanzadometralla gruesa contra empresarios, militares, sacerdotes, periodistas yopositores de hoy, ayer y antes de ayer. Como si fuera poco, "no pudoprohibir" que Chávez viniese a ladrar desde Buenos Aires contraEstados Unidos, Uruguay, Brasil, <st1:personname productid="la OEA" w:st="on">la OEA</st1:personname> y todo lo que pretenda poner algún freno a susarengas deslenguadas de papagayo matón.

También pertenecea este modelo su desdén hacia el orden legal. Igual que en lasmonarquías absolutistas -y como asimismo nos enseñaron loscaudillos "dueños de vidas y haciendas"-, la ley es apenas untraje que se ajusta a gusto y medida. ¿No cambió Menem <st1:personname productid="la Constitución" w:st="on">la Constitución</st1:personname> para hacerse reelegir?¿No convocó Chávez a una Constituyente apenasasumió? ¿No hizo lo mismo Evo Morales? ¿No los imitaCorrea en Ecuador? ¿No se han demorado, burlado y distorsionadodisposiciones de la reforma constitucional de 1994 en <st1:personname productid="la Argentina" w:st="on">la Argentina</st1:personname>, con lamanipulación del Consejo de <st1:personname productid="la Magistratura" w:st="on">la Magistratura</st1:personname>, el otorgamiento de superpoderes alEjecutivo y la lluvia de los decretos de necesidad y urgencia, cuando nisiquiera hay urgencia ni necesidad, sino el propósito de impedir que seventilen algunas cosas?

Por supuesto que el modelopopulista no se resigna a la alternancia, sino que quiere quedarse atornilladoal trono. Reelección ilimitada o presidencia vitalicia, quizásincluso hereditaria, como en Siria. Algunos lo expresan sin sonrojo. Pero en <st1:personname productid="la Argentina" w:st="on">la Argentina</st1:personname> ni un adivinohubiese podido concebir que esa eternidad en el trono podríaejercerse mediante una secuencia conyugal que burle para siempre los principiosde la democracia (recurso iniciado en Santiago del Estero y ahora a punto deconvertirse en nacional).

A todas esas característicasno les falta el cultivo de la utopía. Es decir, la promesa de que seavanza hacia un futuro espléndido. Es un espejismo que se machaca contenacidad, lo mismo que echarles la culpa a otros y al pasado para encubrir laineficiencia de la gestión actual y tapar los síntomas deldeterioro. La hipnosis de repetir que se han logrado resultados brillantes coneste modelo populista, y que serán aún mejores, no deja deaturdir y convencer. Mientras, nos resignamos a la mediocridad de seguirnavegando sin rumbo.

Lo cierto es que elculto de la personalidad -en torno de la cual se construye casi todo-, laausencia de controles republicanos, la inestabilidad jurídica, la faltade visión estratégica, la creciente crispación del odio yel objetivo excluyente de mantenerse en el poder a toda costa sabotean elprogreso real. Con semejante clima no se pueden esperar inversiones genuinas ycaudalosas ni se puede esperar que los argentinos regresen los miles demillones de dólares enviados al exterior por desconfianza en laenclenque ley argentina. Ni siquiera se aclara por dónde andan losmillones que el Presidente envió afuera cuando gobernaba Santa Cruz yque afirma, con un misterio propio de las novelas de suspenso, que yavolvieron, pero no sabe qué se hace con ellos.

El

modelo socialista democrático (no populista) de Chile, Brasil y Uruguay

-para sólo citar nuestros vecinos- está libre de todas las

pústulas mencionadas a lo largo de esta columna. No practican la

hipnosis del personalismo, no manipulan los medios de comunicación, no

usan de forma arbitraria el presupuesto, no alientan el odio, no desprecian el

orden legal, no agrietan la estabilidad jurídica, no temen la

alternancia, no descalifican a la oposición, no espantan las inversiones

caudalosas sino que las reciben con buenos contratos, se abren al comercio

mundial, no distorsionan los índices para engañar a la

ciudadanía y hasta cuidan el lenguaje. Por eso crecen más

rápido, son previsibles y más confiables. Por eso nos van

empujando hacia el extremo caudal del continente y del mundo, pese a las

potencialidades que seguimos manteniendo inactivas por culpa de este modelo

populista que hipnotiza, embrutece y esclerosa.


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